El ritmo de vida tan diferente. La inmadurez adolescente y el grupillo de pseudo intelectuales que eramos en ese momento nos hacían sentir especiales. La gente olvida los detalles aunque estos se almacenan en la memoria de manera increible. Recapitulo ese evento en mi vida del que no me he ocupado en años. Precisamente porque han pasado 15 años ya. Y estamos en Agosto. Otro Agosto. Pero al estar aquí, contemplando a esta mujer anónima, desnuda ante mi. “Regalándome su modorra”. Sus sonrisas en el sueño. Hacen que mi mente viaje. Y todas mis noches anteriores y mis viajes, mis volcanes escalados Y todo lo que me acompaña se hace increiblemente valedero y gratificante. Si no los tuviera no pudiera mirar y tocar a esta mujer de la manera que lo hago. Hay un verso de Neruda que dice; “He visto tanto, pero es a ti a quien quiero ver / He tocado tanto pero es tu carne la que quiero tocar”. En este momento cada dedo mío sobre su cuerpo me rememora tantas estrellas que he avistado en la noche. Cuando hacía campismo con mis amigos. Y decíamos: -”Esa estrella fugaz es para la mujer que voy a amar”. Cuando las ilusiones eran nuestros ojos puestos en el futuro. Hoy dispersos los amigos, como tiene que suceder en esta inevitable migración que es la vida, me vienen en este justo momento. Todo, todo. Mientras mi mujer anónima a la que probablemente ame, duerme.
LAZARO DIAZ
Junio / 2008
domingo, 13 de junio de 2010
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