El demonio de la nostalgia me visitó. Es una sombra oscura que se posa cabizbaja en el fondo del jardín. Le ofrezco vino para que ahogue sus penas. Le pongo música... le digo que las estrellas nos mandan señales del pasado. Le repito que los relámpagos son flashes y que en el cielo se celebra una fiesta. Me mira de reojo y luego inclina su cabeza de piedra y fuego hacia arriba, y con un resoplido de tren suspira. Me doy cuenta. Le ofrezco mi compañía porque sólo eso tengo. El pobre fue desterrado del cielo y del infierno.
Lazaro Diaz
Agosto / 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
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